Saltar al contenido

Mi exprofesora del colegio, mi profesora del sexo

He querido contar esto con detalle desde hace mucho, espero les guste el relato, es sobre como tuve mi primera experiencia con una exprofesora del colegio, para mantener un cierto respeto no diré su nombre real, así que la llamaremos Vero.

Sucedió en 2014, volviendo a casa del trabajo me crucé de frente con una mujer que reconocí como la profesora de español que me dio clases en mi primer año de colegio. Se veía muy bien con una blusa roja, un escote en “v” que daba buena imagen a sus pechos, no muy grandes, pero bien formados, ese encuentro no dio pie a más que una sonrisa y un deseo que quedó en mi cabeza. La busqué por Facebook, afortunadamente varios de mis excompañeros la tenían de amiga, por lo que fue fácil encontrarla.

Hablé poco con ella antes de decir mi tontería, le pregunté abiertamente si quería tener una aventura, si no es obvio, me dijo que no, así que me disculpe, y seguí hablando con ella, siempre fui yo mismo, la traté con educación siempre, pues me había hecho a la idea de que de ninguna forma se acostaría conmigo.

Después de hablar un tiempo, salimos al centro comercial, la acompañe a hacer unas compras, ya entonces me había dicho que, salvo por mi propuesta, le parecía educado y lindo. Nos despedimos cerca de la salida, ella iba a la parada de taxis, el corazón me latía muy fuerte porque tenía una idea en la cabeza, así que decidí alcanzarla en la parada y la conversación fue algo así.

Yo: Vero disculpa, quería pedirte algo.

Vero: ¿Qué pasa? ¿Quieres que te acompañe a la parada del autobús?

Yo: No, la verdad, quería saber si podría darte un beso. (ya sé que no debería pedírselo así, pero en realidad, y al contrario de lo que parece a este punto del relato, soy muy tímido).

Vero: (después de pensarlo un momento) bueno, démonos un beso a ver qué pasa.

Así nos besamos, solo fue un roce de labios, pero me gustó mucho.

Vero: Fue muy de periquito, espera para acomodarme mejor.

Nos acercamos un poco más y nos dimos un beso más profundo por decirlo de alguna manera, hubo más contacto. Nos despedimos, pero a partir de ese momento las conversaciones cambiaron un poco. Un día chateando por WA, se dio la conversación que me dio ánimos para pensar que podría acostarme con ella.

Vero: No debiste pedirme permiso para el beso, es más divertido si se da de sorpresa.

Yo: lo siento, no quería dártelo y que te molestaras.

Vero: lo sé, eres muy tímido, aunque no se me olvida que me tenías malas intenciones.

Yo: bueno fue una locura que quise intentar, pero sí soy algo tímido.

Vero: y si hubiera dicho que sí ¿Cómo me lo hubieras hecho?

Yo: pues no sé, sería mi primera vez, pero empezaría besándote la boca, y bajaría despacio dándote besos hasta llegar a tus senos.

Vero: ah entonces pasarías por aquí – Me mandó una foto de su blusa desabotonada.

Yo: sí, me encantaría besarte ahí.

Vero: ¿Quieres ver una foto sin blusa ni brasier?

Yo (ya muy excitado): sí, me encantaría.

Así empezamos a compartirnos fotos muy íntimas, hasta que llegó el día que salimos de nuevo, con una amiga de ella. Ese día se puso unos jeans muy sexys, una blusa roja, y un top negro que llamaba bastante la atención hacía sus senos, me encendió solo mirarla.

La salida fue normal, comimos, hablamos, luego nos despedimos cerca de las 10 de la noche, la amiga tomó un bus y yo decidí acompañar a Vero a tomar un taxi. De camino al parque donde se toman los taxis, y confiado por las conversaciones calientes, la tomé de la cintura, la puse contra la pared y la empecé a besar. Nos besamos solo in momento porque ella dijo que había mucha gente en esa calle y quería un sitio más solitario.

Caminamos un poco más, en una calle sola, reanudamos el beso que nos dimos, le toqué los pechos y nos acariciamos, la mejor experiencia de mi vida hasta ese momento. Nos movimos hacia el parque y encontramos una banca apartada, había poca luz, por lo que aprovechamos para seguir con nuestro beso y toqueteo, le besé la parte de sus pechos que su escote me dejaba, luego dijo “déjame ayudarte”, se acomodó la blusa y el top, dejando uno de sus pechos al descubierto, el cual empecé a besar y lamer disfrutando cada segundo, la escuché gemir, luego me diría que estaba muy excitada porque un exalumno le estaba chupando su seno.

Esa noche no tuve sexo aún, el momento cumbre se dio cuando le dije que me hiciera sexo oral ahí mismo, me bajé el cierre del pantalón y saqué mi miembro erecto, ella me dijo que vigilara que no viniera nadie, se agachó y me empezó a chupar, debo decir que era muy buena. Luego de unos pocos minutos de que ella me diera ese placer que no conocía, decidimos irnos, pero la llama estaba ya encendida.

Poco después, por mensajes, hicimos un plan para tener sexo, sí, lo que no pensé que pasaría se iba a dar, yo estaba muy emocionado. Salí al centro, donde en un rato nos veríamos. Empezó a llover como pocas veces había visto, pero eso no me detuvo, compré una caja de preservativos, y esperé frente al hotel. Ella llegó, en un vestido negro con algunos detalles en blanco y verde, entramos a un hotel barato que hay en el centro, que tenía fama de usarse para encuentros sexuales. Nos llevaron a nuestra habitación, que no era lujosa, pero al menos estaba limpia, con un baño, una cama y un escritorio.

Ella cerró las cortinas y yo le dije que iría al baño. Cuando salí, estaba acostada sonriéndome, me acosté a su lado y nos empezamos a besar, primero tiernamente, luego empezamos con la lengua y más apasionadamente, le quité el vestido, y ella me quitó la camisa y el pantalón, así nos besamos y tocamos por un rato, disfrutando cada momento para excitarnos más, llegué a un punto que el boxer me estorbaba.

Me acomodé un poco y sin tener que decírselo, me quitó el boxer y me empezó a chupar mi miembro. Debo decir que no es nada impresionante, es ligeramente más pequeño que el promedio, aún así, ella lo chupo y lo disfrutó, me dijo que le gustaba más que por foto, y que sabía bien. Yo lo estaba disfrutando mucho, en el parque hubo adrenalina, en el hotel, tenía la calma de que no había que detenernos, por lo que dejé que me chupara todo lo que ella quisiera.

Luego de eso, Vero tuvo que ayudarme a desabrocharle el brasier, yo no tenía ni idea, pero una vez que ya no estaba en el camino, jugué con sus pechos por un buen rato, era un placer tenerlos en mis manos, chuparlos, jugar con sus pezones, que tenía un color rosado muy bonito. Luego le quité su tanguita, dejando totalmente descubierta su vagina, no sabía bien como, pero me dispuse a hacerle un oral, quería regresarle el favor. Ella me dijo que no le gustaba mucho, que no se lo hacían bien, pero igual me dejó intentarlo.

Empecé a rozar su clítoris con mi lengua, les daba besos a sus labios vaginales, no tenía idea de lo que hacía, pero supe que lo hacía bien, porque empezó a respirar fuerte y dijo “eso está bastante bien”. Seguí así por un rato, tenía un sabor extraño, pero no quería parar por eso, así que me dediqué a darle besos y lamer su clítoris mientras la penetraba con mis dedos. Sé que lo hice bien.

Llegó el momento que había esperado por muchos años. Me puse un preservativo, y me acomodé encima de Vero, la penetré lentamente hasta que todo mi pene estuvo adentro de ella, nos abrazamos y le empecé a besar el cuello mientras me movía despacio, sacando y metiendo. Hubo besos y caricias, y la sensación cálida de penetrarla me gustaba tanto que no pensaba en otra cosa. Luego de unos minutos eyaculé.

Luego hablamos un poco, aún teníamos dos condones, y queríamos usarlos, el problema fue que, cuando empezamos de nuevo, luego de hacerme nuevamente un oral, me quiso poner el condón, pero yo perdía la erección cuando este ya estaba puesto, así desperdiciamos un condón. Le dije que siguiéramos jugando, que se me pondría dura nuevamente.

Fuimos un momento a la ducha y ahí le dije que quería una primera vez completa, quería sentir su vagina sin el preservativo en medio. Vero dijo, “se te notaba, bueno ven agáchate un poco”. Así lo hice, y ella me ayudó a acomodarlo, la penetre, recuerdo que se sentía mucho mejor, sentía la humedad de su vagina, le dí unos cuantos empujones, y ahí paramos, sirvió muy bien, porque mi pene ahora estaba duro con una roca.

Volvimos a la cama, y le dije que quería que ella estuviera arriba. Con miedo, se puso arriba y empezamos a follar, esta vez estábamos cogiendo más duro y rápido, y el tenerla arriba me daba buen espacio para jugar con sus pechos mientras ella gozaba sentada en mi miembro. Intentamos hacerlo de perrito, pero esto fue una mala idea, no solo no logré tomar la posición correcta, sino que perdí la erección, y se desperdició nuestro último condón, con Vero y yo aún encendidos y queriendo seguir con nuestra sesión de sexo.

Decidimos seguir, sin condón, queríamos terminar, así que me coloqué encima de ella y la penetré, sintiendo de nuevo ese placer de penetrarla sin nada de por medio, sentir por completo su vagina, como se humedecía, el roce de la piel.

Luego de un rato la tomé del brazo, me senté en la silla del escritorio y ella se acomodó encima, la posición era perfecta, ella podía moverse mucho, y podía igual moverme, aunque no tanto, el espacio era perfecto para jugar con sus pechos y besarnos, y así estuvimos follando, nunca en la vida había experimentado un placer como ese, ella respiraba fuerte, gemía de placer. Cuando sentía que iba a eyacular, le dije que estaba a punto, sabía que Vero no querría que termina dentro de ella, lo que no imaginé fue lo que ella haría. Se arrodilló frente a la silla, sin pensarlo tomó mi pene y lo puso en su boca, y me hizo eyacular con una mamada increíble. Me dejó sin palabras.

Luego de tan memorable experiencia, nos bañamos y nos vestimos, tomamos un taxi, y seguimos con una amistad muy buena.

Vero y yo volveríamos a tener sexo tiempo después, pero eso solo lo contaré si este relato gusta.

Gracias por leer.

Deja un comentario